Los años han pasado, y la vida no es lo que Dipper pensó sería, en especial ahora que ha logrado enfrascarse en un negocio con su hermana, uno en el que al parecer, las mujeres no pueden dejar de llamarlos. En este caso, reciben la llamada de lo que pensaron sería una mascota encantada, sólo para descubrir que en realidad, lo que estaba encantado era algo de una naturaleza completamente distinta, y que quien sufría dicho encanto no era nadie más que alguien de su pasado, que, aunque remilgosa al inicio, al ver el... equipo con el que Dipper cuenta, supo enseguida que ésta era la mejor opción disponible para lidiar con una: Haunted Pussy de Fred Perry.